Huelgas de hambre.
J.A Albertini.(Preso político cubano).
El presidio político cubano ha escrito bellas páginas de amor a la patria, pero
por decreto dictatorial del tirano y su élite esas bellas páginas no las conocen
los cubanos que dentro de la isla han nacido en los últimos 50 años. La razón es
muy sencilla la han sepultado imponiendo otra que responde solo a los intereses
de la casta gobernante que también lleva casi 50 años en el poder.
Como es de suponer, todos los sucesos ocurridos en Cuba los presentan siempre a
partir del punto de vista de esa horrenda tiranía que al redactar la historia ha
aprovechado para poner lo que ellos llaman ‘la razón’ y la ‘verdad’ en un plano
en el que quienes siguieron a ciegas el ‘proceso revolucionario’ se convirtieron
en seres perfectos y aquellos que manifestaron desacuerdo ocuparon otro lugar en
la historia.
Pero por razonas de ‘lesa hidalguía’ se hace necesario precisar que ese otro
lugar en la historia tiene un nombre -Presidio político cubano- sinónimo de
Hombría y de Valor, escritos con mayúscula porque en el sentido del valor de la
escritura ese es el sello que distingue una etapa en que los más lúcidos
comprendieron de inmediato que ante la cruzada del terror que invadió a Cuba lo
más sensato era el camino de la oposicion abierta, firme.
El Presidio Político Cubano asumió una actitud ante la injusta prisión, la
llamaron ‘Plantado’ que en términos precisos significó y significa ser
implacable contra un régimen oprobioso a partir de todas las variantes humanas
que dentro de una prisión pueda alcanzar un hombre.
Renunciar a comer, ‘plantarse’ en huelga de hambre para reclamar elementales
derechos fue uno de los tantos recursos a que apeló ese indomable presidio
político para hacerse valer como humanos. Indudablemente huelgas de hambre que
agotaban a los patriotas físicamente pero arriunaban moralmente a los
carceleros, a los represores que no podían entender hasta donde llega la
voluntad humana cuando se tiene en la frente la estrella de la verdad.
‘Huelgas de hambre’ va precisamente al lugar de los que la protagonizaron.
Todos, sin alardes, sin rodeos, cuentan los motivos por los que la hicieron,
recuerdan a los compañeros de celda que le secundaron y rinden con el silencio
honor a los que ya no están.
Es un libro donde las voces múltiples se organizan en una sucesión de eventos
protagonizados en diferentes prisiones y diferentes años de realización de las
huelgas y donde llama poderosamente la atención un elemento que lejos de ser un
error de estructura o de uso del lenguaje testimonial se convierte en la más
bella de todas las consonancias.
Pido que reparen en cada hombre y mujer que ofrecen sus testimonios. Es dificil
que hablen de ‘yo’, en todos, la segunda y la tercera persona prevalece
altisonante. En todos la referencia siempre es ‘el otro hermano’, ‘la compañera
de celda’, ‘los amigos de la otra circular’, ‘la gran parte de los presos
políticos’.
Es imprescindible la lectura para entender la grandeza humana de ese presidio
político y para que muchos jóvenes que no conocieron la verdadera historia
porque el comunismo la secuestró puedan encontrar respuestas y caminos para
ayudar a rescatar esa memoria histórica y para construir Otra, la verdadera que
aún no se ha terminado de escribir y en la que sin duda tienen que estar las
voces de los protagonistas.
Idolidia Darias septiembre de 2007.