Escambray: La historia que el
totalitarismo trató de sepultar.
Autora: Idolidia Darias.
Es un libro que pone a la luz pública un fragmento de la historia cubana
posterior a 1960 que no se ha abordado todavía en toda su extensión porque la
intención del régimen cubano siempre ha sido manipular la historia para de
acuerdo a sus intereses.
La resistencia totalitarismo en Cuba empezó en el mismo año 1959. Apenas
transcurrieron unos meses de imponerse la Revolución ocurrieron hechos que
demostraron el rechazo a la idea de imponer en Cuba un sistema comunista.
En el primer semestre de 1960 los focos de resistencia habían instrumentado una
estrategia en la que la idea común era tomar el camino de la insurrección para
enfrentar lo que se avecinaba.
Las Villas, que en la división política administrativa cubana abarcaba un amplio
territorio, se convirtió en la región preferida para iniciar y desarrollar la
lucha de guerrillas.
Cientos de cubanos se alzaron en armas en toda la región central y miles le
prestaron la asistencia necesaria para que pudieran cumplir con su objetivo de
derrocar el régimen.
Las montañas del Escambray, como otras muchas regiones del país, fue escenario
de una guerra irregular que ocasionó numerosas bajas a las parte involucradas en
el conflicto. Guerra en la que el poder totalitario no escatimó armas, hombres,
recursos y métodos para aplastar a un oponente que muchas veces, por no decir
todas, enfrentó con extremo valor a miles de milicianos perfectamente armados.
El gobierno al usar miles de efectivos dio origen a una estrategia que denominó
“Limpia del Escambray” y que en una apretada síntesis puede definirse como el
uso indiscriminado de todos los poderes del estado, incluyendo una especie de
política de tierra arrasada, al deportar a todos los que no se sumaban
activamente al nuevo proyecto.
Ese periodo de la historia local lo recoge la historia oficial de una forma muy
parcializada en la que la oposición armada cometió numerosos crímenes y las
fuerzas gubernamentales solo actuaban para defender a los campesinos indefensos.
Todas las páginas de valor de esa historia se dedican a los milicianos y a los
oficiales del G-2 que ‘fueron allí a cazar bandidos’.
Pero la realidad es otra. La historia es otra. La memoria que subyace en Cuba y
que aflora en otras partes del mundo es diferente a esa que proclama el régimen.
El Escambray y su historia no son la que se grita en tribunas gubernamentales ni
la que proclaman los libros del sistema totalitario.
El Escambray está virgen para la verdad que deberá imponerse en su momento. Las
investigaciones harán relucir la verdadera historia.
La autora utiliza el testimonio como base para la divulgación de los
acontecimientos. Varios hombres y mujeres que fueron protagonistas de ese
momento cuentan los motivos que tuvieron para enrolarse en aquella guerra, el
lugar que ocuparon y las figuras relevantes de la insurrección a la que
contribuyeron.
Hay testigos en Cuba y otros en el exilio, pero todos tienen en común las marcas
que la tortura, la prisión y el destierro forzado dejaron en sus almas. No
sienten arrepentimientos por lo que hicieron si no orgullo. Conocieron
personalmente a hombres como Osvaldo Ramírez, Julio Emilio Carretero, Evelio
Duque, Cheito Leon, Porfirio Guillén, Zoila Águila “La Niña del Escambray”,
Plinio Prieto, Sinecio Walsh, Porfirio Remberto Ramírez, Edel Montiel, Vicente
Méndez y otros tantos que harían esta lista interminable y guardan de ellos el
mejor recuerdo y una profunda admiración.
En el libro de Idolidia Darias hay también testimonios de hombres y mujeres que
sin dar su nombre ni precisar su lugar de origen, cuentan cómo vivieron esos
tiempos, cómo lo sintieron y las conclusiones que sacaron de la cruzada
comunista que los trató de borrar de la historia
Todos los testimoniantes asumen con humildad el papel que les tocó en la
historia y al relatarla le dedican más tiempo al amigo, al compañero de prisión,
al hermano de lucha que a ellos mismos.
Todos tienen en común la idea de contar la verdad tal como la vieron y vivieron
para que cuando llegue la hora del recuento, estén los testimonios que
reconstruyan la memoria y la historia que el comunismo trató de sepultar.
Pedro Corzo
Mayo 2008