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PRESIDENTE DE HONOR
Rogelio Cisneros
COMITE EJECUTIVO
Pedro Corzo
Presidente
Enrique Ruano
Vice-Presidente
Carmen de Toro Gómez
Directora de Finanzas
Fermín M. Amador Chamizo
Director de Relaciones Públicas
Ramiro Gómez Barrueco
Director de Eventos
Amado J. Rodríquez
Director de Actas y Correspondencia
Saturnino Polón
Director de Investigación y Docmts.
CONSEJO DE DIRECTORES
Román Abraham Aceituno
José A. Albertini
Héctor Caraballo
Dr. Angel Cuadra
Idolidia Darías
Alfredo Elías
José Luis Fernández
José Fernández Vera
Jorge Guzmán Chaple
Francisco Lorenzo Díaz
Silvio Mancha
Lázaro Machado †
Silvio Mancha
Nicolás Pérez
Consejo de Asesores
María A. Barroso
Rafael Cabeza †
Dr. Santiago Cárdenas
Lorenzo de Toro
Luis G. Díaz
Dr. Juan Carlos Espinosa
Dra. Leonor Ferreira
Dr. Roberto Rodríguez Aragón
Comisión de Historia
Alvaro Alba
Manolo Castillo Cavada
José Duarte Oropesa
Angel De Fana
Enrique Encinosa
Dr. Rolando Espinosa †
Enrique Ros
Asesores Legales
Dr. Juan Carlos Bermúdez
Dr. Luis Fernández
Dr. Aldo M. Leiva
Dr. Jesús Tomé
Comité de Asociados
May Betancourt
Eudel Cepero

 

EL GRAN LOGRO PAPAL
Ramiro Gómez Barruecos

Padre Loredo

Después de “disfrutar” durante 14 años “los logros” de la primera visita papal, anticipadamente comenzamos a “disfrutar” los de la segunda. Desalojos, cientos de detenciones, golpizas y todas las variantes pensables de palo y tentetieso físico y social. Invariable escenario de fondo mientras esperamos que Cuba (el gobierno castrocomunista) se abra al mundo y los cubanos pierdan el miedo. Ellos y nosotros sabemos que un rayo de luz entrando por una rendija es el final de la oscuridad. Las tinieblas no se harán el harakiri. Además, sobreponerse al miedo no significa dejar de vivir con él a cuestas. El miedo es un gigante intrínseco del alma y la herramienta vital del totalitarismo.

El pacto Kennedy-Kruschev privó a la confrontación bélica anticastrista del “aliadito yanqui”. El Vaticano visualizó perfectamente nuestro destino; seguramente antes que el presidente norteamericano  pronunciara a los patriotas de Girón la sentencia lapidaria: “salvados de una muerte lenta pero segura”. Roma negoció la libertad y el exilio de muchos dirigentes y fieles católicos presos; y nuestro real y último aliado nos vendió el cajetín. El desprecio sustituyó al aplauso por aquellos curas que fueron nuestros hermanos de lucha: Rojo, Loredo, Rivas, Lebroc y muchos más. Siempre vivirán en el altar de la patria. La época de los gigantes de la dignidad y el espíritu cristiano como Pérez Serantes, Boza Masvidal y el clero en general, pasó al olvido. La positiva y notable excepción “a posteriori” fue otro heroico gigante: Don Pedro Meurice Estiú.

Aproximadamente en el año 1965, con las guerrillas y el clandestinaje anticastristas aún vigentes, El Vaticano ordenó la primera carga al machete a los cañaverales cubanos. El prelado Carlos de Céspedes, al mando de curas y seminaristas, celebró eufórico junto al Nuncio Apostólico la primera  victoria del trabajo voluntario de La Iglesia Católica a favor del castrocomunismo. La suerte estaba echada. Llegaron los camiones Romanazi, los ómnibus Pegaso, los autos Alfa-Romeo y muchos productos más. ¿Cuál fué la varita mágica que súbitamente abrió los mercados católicos europeos a la tiranía?

Años después, independientemente a la iglesia; la oposición interna, inmersa en una aparente ausencia existencial, parió un milagroso fosforito llamado Ricardo Bofill. Contra toda esperanza explotó El Micrométrico Bang, génesis de la actual oposición en intramuros.

La Iglesia negoció su sobrevivencia y fortalecimiento. La oposición mal interpretó como éxito propio la apertura institucional eclesiástica, sin vislumbrar que había sido negociada a cambio del apoyo cuasi irrestricto a los intereses políticos y económicos de la tiranía. Los hechos consumados en la segunda visita papal corroboran cuán lejos ha estado La Iglesia de los objetivos libertarios de la oposición cubana. Los Pedros y los Pablos no ocultan su regocijo por disfrutar el privilegio de un puesto de honor, junto al César de turno, en el Coliseo Cubano.

Pero la dosis de desprestigio ante tal realidad será neutralizada por la defensa irrestricta de lo ocurrido; la opinión del clero está determinada por sus intereses y su voto de obediencia. También lo harán muchos laicos que antepondrán contradictoriamente esos intereses, espirituales o materiales, a la evidencia de la complicidad vaticano-comunista. Utilizarán una quintaesencia retórica extraída de la complicada jerigonza dialéctica teológica. Libertad, Justicia, Cambio, Paz, Reconciliación y otros paradigmas, son comodines marcados y gastados en el juego de naipes de la vida. Tanto Raúl como Ratzinger las utilizan para maquillar sus fines; pero…por sus hechos los conoceréis, no por su verbo.

Es justo e indispensable señalar que, en este duelo de desprestigios, los comunistas destrozaron el ridiculómetro. Un glosario de imágenes patéticas. La participación de la jerarquía comunista en las misas, otrora sumamente denostadas. La flagrante represión. El uso de la Cruz Roja como instrumento de la policía política. Y la humillante petición y presentación de la familia tiranosauria ante El Santo Padre, son algunos de los aspectos del hiperbólico desprestigio integral del sistema.

La Iglesia ha vivido siempre afrontando escándalos, desafíos y desprestigios; y los ha superado todos. La alianza con el castrocomunismo es una gota de agua perdida en los cinco océanos. El futuro discurso a los cubanos, pidiendo perdón por dicho error, ya está escrito. El progresivo y galopante desprecio por el Cardenal Ortega lo sitúa como perfecto chivo expiatorio. El Vaticano sabe perfectamente que una generación más y “San Seacabó”  la pesadilla comunista cubana. Existe un destino generacional manifiesto.

Mientras exista la percepción de los fieles de que La Iglesia es la depositaria del Nuevo Testamento, ella será indestructible. El papado es intrínsecamente espiritual; es su razón de ser. La Iglesia lleva 2000 años apacentando y ordeñando a su rebaño, siempre con mayor o menor éxito. El rebaño comunista duró sólo 70 años en los que dió más sangre que leche. Los sobrevivientes, Cuba y Corea del Norte, los incontenibles pordioseros de América y de Asia, no existen por ellos mismos; se alimentan del pasto regalado por sus antípodas de Miami y Corea del Sur. Las apuestas sobre quién perdurará y quién desaparecerá están 2000 a 0 a favor del Vaticano.

El Gran Logro de la visita papal radica en que gran parte de la oposición interna alcanzó la madurez indispensable para continuar la lucha. Ahora pueden comprender que desde mediados de los años sesenta estamos solos con nosotros mismos; y que más vale estar solos que por Judas acompañados. Tenemos algunos amiguitos pero ningún ALIADO. La entrada del tirano a la Santa Sede con tanqueta y ametralladoras; y el posterior  festín embriagador con la curia vaticana celebrando “la gracia” planificada, debieron ser el punto crucial de inflexión reflexiva, aun para el más obnubilado. Pero no fue así. Ahora los opositores sí saben que las ilusiones clericales de apertura, cambios, transiciones y diálogos se las llevó el viento en un avión de Alitalia. La paloma del Viernes Santo en la mano, aunque este enjaulada y festejada, vale mucho más.

El Viaje de la Desesperanza concluyó con grandes penas y ninguna gloria. La palabra de orden es revalorización o crisis. La sacerdotisa de La Diosa Libertad, Yoani Sánchez, en su homilía El Viento, las Ovejas y el Pastor sentenció: “Porque, no nos engañemos, la clandestinidad de las catacumbas es más coherente con el discurso de Cristo que la cómoda cercanía al trono”.